Superhombre

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En Alcobendas todos creían en el valor racional del hombre. Eran grandes intelectuales y se sentían orgullosos de su racionalidad. Es más, veían con desprecio la ignorancia de los otros lugares donde las pasiones humanas dominaban espíritu y necesitaban un patético Dios. Ellos tenían un sistema democrático perfecto, todos eran iguales y todas las decisiones eran tomadas en consenso y armonía.

 La oveja negra era Pepe Panza. Nuestro pobre hombre no había nacido con las agraciadas cualidades de son conciudadanos, era gordito y bonachón, pero la faltaba un tornillo y no era capaz de seguir las elucubraciones y discusiones intelectuales. Pero claro está, era querido como era, aunque últimamente había aparecido algún rencorcillo hacia él. En el medio de gloriosas discusiones, Pepito interrumpía con estúpidos comentarios como “hoy si va a llover o se ha quedado bueno el día” Le trataban de acallar con sus miradas desafiantes, pero nuestro Pepe no percibía la enemistad y seguía con su sonrisa tan campechana. Nadie le decía nada porque eran todos educadísimos, pero muchos pensaban que debía ser expulsado de la asamblea democrática, aunque no se atrevían a decirlo.  Un buen día en una reunión uno de los más prominentes ciudadanos, Napoleón, puso en voz los pensamientos del pueblo.

  • Ilustres y ilustras ciudadanas y ciudadanes: Pepito debe de ser excluido de la asamblea.

Murmullos… Una cosa era que no les gustase Pepe y otra expulsarle. Dudaban, al fin y al cabo, era una persona, con los mismos derechos.

  • Se lo que piensan… La principal diferencia entre los humanos y los animales es la capacidad de raciocinio. Aquí estamos de acuerdo todos ¿no? Pues bien, Pepe no tiene tanto intelecto como nosotros por lo tanto es menos persona. Nosotros somos superiores por nuestra inteligencia.

Se miraron indecisos, les parecía lógico, pero había algo en el argumento que les hacía removerse in cómodos. Se supone que todos eran iguales… Ese era uno de sus orgullos en el pueblo. Napoleón consciente de la oposición insistió con voz melosa:

  • Alcobendenses, ¿No reina en el mundo animal el superior al inferior? Esto es ley natural en beneficio de los menores. Esto es por su bien… Y con esto no digo que no seamos todos iguales. Todos somos iguales, pero unos más iguales que otros. 

Los alcobendenses respiraron aliviados, el principio de igualdad quedaba salvaguardado.

Así pues, acordaron expulsar al bueno de Pepe de la asamblea. Este se fue cabizbajo y triste, aunque le decían que lo hacían por él. Siempre se había considerado como uno más a pesar de su deficiencia.

En la siguiente sesión Napoleón convenció para que echasen a Marilú de la asamblea. Ella era la carnicera, y claro, eso indicaba que era menos inteligente, y por eso los super-humanos debían estar por encima de ella. Pero era por su bien. Después se expulsó a Paco, el repartidor, sobre la misma base. Por su bien… Siguieron la expulsión Ana, ama de llaves, Pedro, el pescadero, Miguelón, el albañil, los abuelos, los niños. Los pocos que quedaron en la asamblea tomaban ya las decisiones por los demás y los controlaban: por su bien, era la ley natural… Los expulsados eran poco a poco oprimidos sobre la base que estaban más cercanos a los animales. En su ceguera, decidían que bebés nacían y cuales no… Era para mejorar la especie alcobendese, se decían, para erradicar la animalidad. Finalmente, una monja que todavía no había sido expulsada dijo: ¿qué base le queda a la dignidad del hombre si Dios se margina? Pero fue reducida y echada con los animales, porque eso de Dios era para humanos inferiores, sin racionalidad. Aquí no se le necesitaba.

H. Miguel Herrera LC