Evangelio a la carta

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Vendedor: “¿Quiere un evangelio caballero?”

El señor al que el vendedor se dirigía, estaba ataviado con un abrigo de piel e iba acompañado por una prominente barriga.

Cabellero: “¡No! Aleje de mí eso… Revolucionarios, eso es lo que sois”. Replicó el hombretón.

Vendedor: “No nada de eso, caballero, nosotros somos mansos y no queremos cambiar las cosas. El evangelio predica el amor. Dijo, alargando la “o” con voz melosa. ¿Qué tipo de evangelio quiere usted? Lo tenemos caramelizado o decorado con muchas cruces doradas, o la versión enriquecida para ricos… Creo que le vendría bien esa edición”.

Cabellero: “Insisto en lo dicho. Ese Jesús decía que los ricos como yo no podían entrar en el cielo. Que le sería más difícil a un camello, entrar que a mí. ¡Habrase visto! Mi real persona comparada con un vil y vulgar camello, si por lo menos fuese un caballo árabe purasangre, todavía lo admito”.

Vendedor: “¡Ay, por Dios, pero que cosas dice caballero! Jesús se refería a los pobres de espíritu, eso de los ricos es una interpolación de algunos radicales anticuados. ¡Pobreza de espíritu!, qué bien suena y, sobre todo, amor. Dijo formando con sus manos un corazón”.

Caballero: “Ahora si empezamos a entendernos. ¡Si Señor! Pero hay una cosa que me sigue pareciendo intolerable y escandalosa. Cómo puede ser que Dios omnipotente haya nacido en un lugar de pobres y estiércol. Eso es revolucionario, no hay duda que quepa”.

Vendedor: “No, no, se equivoca. Échele caramelo y algodón de azúcar y ya verá qué bonita historia le queda. Mire: Jesusito nació en un portalico con dulces animalitos y un olor como de pastel recién hecho. Los suaves reyes magos regalitos le trajeron. Así el escándalo, queda cubierto con toneladas de azúcar. ¿Qué le parece? ¿No es un chollo? Usted no cambia nada, pero a la vez es cristiano, que hoy es muy cool serlo. Usted dedíquese a amar”. (Dijo el vendedor mientras sonreía dulcemente).

 Cabellero: Esto es música celestial para mis maltratados oídos, que tantas veces han tenido que escuchar insultos y calumnias sobre esos honrados fariseos. Póngame este evangelio: uno con caramelo y confitería, con pobres de espíritu y eso sí, poniendo mucho amor. Pues como decía uno de ellos: ama y haz lo que quieras.

El vendedor complacido le tendió el evangelio. Pringoso por el caramelo, decorado con relieves dorados y con corazones revoloteando. No fuese alguien a tomarse en serio lo que ponía en esas páginas.

Un comentario

  1. Manuel365 dice:

    Polémico. Distinto a otros programas de Radio Despierta

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